NOTA

Nota: La autora autoriza la difusión y reproducción de las diferentes entradas publicadas siempre que se reproduzcan íntegramente, se cite la autoría y el acceso se realice a través de un vínculo al propio blog.

10 de enero de 2017

La intimidad en el cuidado ¿un derecho respetado? Por Teresa Martínez

     
     La protección de la intimidad se deriva del reconocimiento de la necesidad y del derecho de las personas a proteger su vida privada –y cuanto ella integra– de injerencias no autorizadas por parte de otras personas. Es un derecho fundamental garantizado, entre otras normativas, por la Constitución Española (artículo 18) para todas las personas con independencia de sus características individuales.

     La intimidad puede ser definida como lo más privado del ser humano, lo que la persona guarda para sí o, por extensión, para su círculo de personas de mayor confianza. Lo íntimo pertenece al ámbito de lo personal o privado frente a lo público. Incluye sentimientos, creencias, forma de pensar, informaciones sobre la salud y otras cuestiones personales, el cuerpo, la sexualidad, las relaciones interpersonales, etc.

     Pero además de esta dimensión legal, la protección de la intimidad se sustenta en una dimensión ética, cuando se parte de la consideración de que todo ser humano es poseedor de dignidad y, en consecuencia, merecedor de respeto en todas las circunstancias. La intimidad entronca con  el principio de autonomía, al concebir a cada persona dueña de su vida privada y, con ello, de todo lo que la acompaña o detalla.

     Las relaciones entre dignidad, autonomía y protección de la intimidad viene siendo señaladas en el campo de los cuidados y la intervención social como aspectos muy relevantes en la calidad de la atención. En este sentido cabe mencionar las aportaciones realizadas por el Social Care Institute for Excellence (SCIE) al identificar la intimidad como uno de los factores relevantes para preservar la dignidad en los cuidados.

     Respetar la intimidad en los procesos de atención a las personas en situación de dependencia apela a muy diversas cuestiones. Dos de ellas pueden ser enunciadas como condiciones iniciales necesarias para lograr este objetivo. La primera es la obtención del consentimiento por parte de la persona para que quienes cuidan accedan a su vida privada. La segunda, la generación de una relación de ayuda basada en la confianza, condición básica de toda relación interpersonal y profesional de apoyo.


    
     Además, se han distinguido distintos tipos o ámbitos de la intimidad, las cuales, todas ellas, han de ser objeto de protección por parte de las instituciones responsables y de los y las profesionales que dispensan atención o cuidados personales. Cabe destacar las siguientes:

a) La intimidad corporal o física, que  hace referencia a la limitación en relación al acceso al cuerpo de las personas por parte de otras. Incluye tanto el acceso físico como el visual. La protección de la intimidad corporal requiere que el acceso al cuerpo se realice con el consentimiento de la persona y evitando situaciones que generen excesivo pudor. Su protección precisa de un ámbito privado protegido de injerencias externas y una especial atención a los contextos culturales.

b) La intimidad informativa, que  hace referencia a la obligación de confidencialidad en relación al derecho de la protección de las informaciones personales y, por tanto, al acceso limitado a las informaciones personales y a la obligación de secreto cuando las personas usuarias comparten algo que no quieren que se sepa por parte de más personas. Se relaciona también con el tratamiento correcto de la información, evitando comentarios hirientes o improcedentes sobre las personas o situaciones.

c) La intimidad decisoria, la cual hace referencia a la necesidad de intimidad en ciertos procesos de toma de decisiones. Su protección precisa de un ámbito privado protegido de intromisiones externas, de espacios y tiempos en soledad o en compañía de las personas elegidas por la persona usuaria, así como una atención especial y respeto a los valores y emociones presentes en estos procesos.

d) La intimidad espacial hace referencia al territorio que configura el ámbito privado, incluyendo tanto los espacios como los objetos. La intimidad espacial es importante para garantizar el mantenimiento de las relaciones interpersonales y el desarrollo de actividades privadas, así como para proteger aspectos relacionados con la personalidad (ideas, sentimientos, valores). 

           La atención centrada en la persona es un enfoque que se enmarca en una ética de máximos, es decir, propone modelos de cuidados que buscan la excelencia. Desde esta forma de entender la atención se aboga por el respeto a la intimidad desde la re-valorización de la diferencia y desde la empatía ante la subjetividad de cada persona. En otras palabras, no solo se trata de garantizar su protección (como derecho jurídico de obligado cumplimiento) sino también de comprometerse con modos de estar y hacer que permitan un acercamiento personalizado y cálido cuando se entra en la intimidad de cada persona (de hecho, la mayoría de los momentos y aspectos del cuidado). 

     El trato cálido implica cuidar  a través de una interacción personal que busca el bienestar de la otra persona, que ésta se sienta estimada desde la escucha, la cercanía y el respeto a su singularidad y a sus preferencias. El trato cálido es un elemento de enorme importancia en las atenciones o intervenciones que entran de lleno en la intimidad de las personas, ante los momentos de mayor vulnerabilidad en los que éstas pueden sentirse invadidas, amenazadas, incómodas, apresuradas, avergonzadas o humilladas. Un trato cálido, y por tanto, siempre personalizado, previene el malestar y el sufrimiento. Incluye tanto los aspectos de comunicación verbal como no verbal y se ejercita a través del desarrollo de las diversas actitudes profesionales como son la empatía, la consideración positiva, la autenticidad y la aceptación incondicional.


     Proteger la intimidad se convierte,  por tanto, en una obligación para  las entidades, instituciones y  profesionales que dispensan cuidados. No puede considerarse un criterio negociable. Además, el trato cálido ha de ser un elemento esencial en la buena praxis profesional, un objetivo que debería de estar siempre presente en los planes que buscan la mejora de la calidad asistencial.

     Sin embargo, en la realidad y atención cotidiana de quienes precisan cuidados de larga duración, todavía existen muchas lagunas en relación a la intimidad de las personas y aún más en cuanto al logro de un trato personalizado y cálido. Se precisa avanzar hacia una nueva  cultura en los cuidados, basados en la autonomía, la interdependencia y la intimidad, comprendiendo sus relaciones e implicaciones. Resulta especialmente importante sensibilizar sobre la necesaria protección de la intimidad en las personas con demencia, derecho que con frecuencia se vulnera desde la alienante consideración de que "no se enteran...". Es imprescindible la reflexión/formación sobre los elementos y pautas que favorecen una buena praxis. Es indispensable un nuevo diseño de centros en los que existan tanto espacios comunes facilitadores de la interacción social como espacios privados donde sea posible el recogimiento, la actividad en solitario o mantener relaciones interpersonales de caracter íntimo.

     Quiero acabar esta entrada con un comentario sobre una ignorada, y a mi juicio, enorme carencia de los centros residenciales de personas mayores españoles: la escasísima disponibilidad de habitaciones individuales. Déficit que se justifica, y por tanto se consiente, desde la planificación y provisión de servicios bajo argumentos economicistas. ¿Debemos seguir considerando inevitable, y por tanto aceptando, la obligada convivencia en habitaciones compartidas en los centros residenciales? 

     Las habitaciones deben ser concebidas y planteadas como espacios privados de vida donde las personas puedan estar solas si así lo desean (para  descansar, llorar, reír, mantener relaciones íntimas, o hacer lo que a cada cual le apetezca…). No podemos seguir alimentando la idea de que tener un espacio de vida privado sea un lujo. Responde a una necesidad humana y, en el contexto residencial, supone una condición indispensable para el ejercicio de un derecho legalmente reconocido. Algo habrá que hacer. Por lo menos, de momento, no pasar por alto esta insuficiencia y tener claro que las residencias que no contemplen estos espacios de vida privada y de libertad, aunque cuenten con las autorizaciones pertinentes, no pueden ser reconocidas como recursos de calidad, lo que todavía hoy sucede al amparo de distintas normativas de acreditación y de certificaciones de calidad.

      Para profundizar más en todos estos asuntos, os recomiendo la lectura de dos guías, elaboradas por un grupo de profesionales que trabajamos en distintos ámbitos de los servicios sociales, la primera dedicada a la salvaguarda de la confidencialidad en servicios sociales y la segunda al respeto de la intimidad. En estos documentos se ofrecen algunas reflexiones y recomendaciones consensuadas que pueden ser de utilidad en distintos contextos y procesos de intervención social.



     Ambos documentos pertenecen a la serie Ética y Servicios Sociales que se inició desde la Consejería de Bienestar Social y Vivienda del Principado de Asturias (actualmente Consejería de Servicios y Derechos sociales).




20 de diciembre de 2016

Terapia musical personalizada en el Centro de día La Camocha. Por Nuria González y Mª Ángeles Muñiz






PRESENTACIÓN
      
     Conocer estrategias que permitan acercarse y conectar con las personas que presentan dificultades para comunicarse es un objetivo fundamental si queremos hacer realidad una atención centrada en las personas.

     La música es una valiosa herramienta para favorecer la interacción y la comunicación con las personas mayores, incluso con quienes tienen un deterioro cognitivo avanzado.

     En esta ocasión tengo la enorme satisfacción de dar cabida en mi blog al excelente trabajo que desde hace años se viene realizado en el centro de día La Camocha de Gijón. Un centro que apuesta por avanzar en una atención centrada en la persona y cuyas atractivas e innovadoras intervenciones son todo un ejemplo a seguir.

     Muchísimas gracias Geli y Nuria por compartir vuestra iniciativa. Mi enhorabuena a todo el centro, a sus profesionales, a las personas usuarias y familias por vuestra ejemplar trayectoria. Es un privilegio presentaros hoy en este espacio mostrando una pequeña muestra de vuestra dilatada experiencia en relación al uso de la música en la vida y atención de las personas mayores en situación de dependencia.




 Terapia musical personalizada 
Nuria González, auxiliar  de enfermería y Mª de los Ángeles Muñiz, directora del Centro de Día    La Camocha (Gijón).

     

     Los enfoques no farmacológicos para la demencia han adquirido una mayor relevancia en los sistemas para la aplicación de cuidados a nivel mundial. Además de los tratamientos puramente médicos, existe una amplia variedad de intervenciones sociales y creativas que pueden contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas con demencias.

     Las personas con demencia padecen una serie de síntomas causados por diferentes desórdenes que afectan al cerebro y que interfieren en sus actividades cotidianas, en su comportamiento, en su personalidad y en sus relaciones. Las enfermedades neurodegenerativas, como la enfermedad de Alzheimer, se caracterizan por un deterioro progresivo e irreversible de las funciones intelectuales que conllevan pérdida de memoria y afectan a las capacidades como las habilidades del lenguaje y la orientación espacio-temporal. 

     Dentro de la variedad de terapias que se desarrollan con el fin de proporcionar mejor calidad de vida, el Centro de Día La Camocha siempre tuvo en cuenta los beneficios que aporta la música pero buscábamos una nueva terapia para favorecer a personas con un deterioro cognitivo avanzado y con las que otras terapias ya no eran efectivas. Así llegó a nuestro centro la Terapia Musical Personalizada.


  

      La música puede tener un gran impacto en cualquier persona, pero además, en las personas mayores, tiene la capacidad de liberar todo un torrente de memorias y emociones. Esta es una de las razones por las que la terapia musical es uno de los tratamientos más eficaces para las personas mayores que sufren determinados tipos de enfermedades o trastornos.


      Indagando sobre el tema descubrimos y contactamos con  Dan Cohen  [Alive inside, EEUU] y Pepe Olmedo [Música para despertar, Granada].

     Esta terapia no farmacológica consiste en la aplicación de la música autobiográfica de la persona mediante unos cascos de reproducción de alta calidad y un reproductor de mp3. Para la selección musical hemos realizado una ficha de recogida de información en la que aparte de la persona usuaria participan también sus familiares o amigos. Preparamos un calendario para las sesiones aunque en algunos casos se escoja el momento más adecuado para aplicar la terapia en función del estado de la persona.

     Llevamos un año con unos excelentes resultados que han sido confirmados mediante los registros de las diferentes sesiones y la evaluación anual.

     A modo de conclusión general, destacar la importancia de la estimulación de la persona mediante las reminiscencias musicales que consiguen hacer brotar emociones que se hayan ocultas, en muchos casos, en la “vida interior” de las personas afectadas por deterioros cognitivos avanzados. Sin olvidar lo enriquecedor que es también para el profesional que aplica la terapia.

 



Si quieres conocer más sobre esta experiencia:                                








22 de noviembre de 2016

¿Maltrato psicológico en personas mayores institucionalizadas o simplemente mala praxis? Por Sacramento Pinazo




PRESENTACIÓN

     La atención centrada en la persona es un enfoque que busca el buen trato en el cuidado a las personas en situación de fragilidad o dependencia.

     En esta entrada tenemos en honor de contar con la Dra. Sacramento Pinazo compartiendo en este blog algunos reveladores datos procedentes de estudios sobre el trato dispensado en residencias de personas mayores. Sacramento Pinazo es profesora  de Psicología Social de la Universidad de Valencia y, además, en la actualidad es Presidenta de la Sociedad Valenciana de Geriatría y Gerontología y Vicepresidenta de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología.

     Los resultados que aquí de forma resumida nos presenta invitan a la reflexión, al mostrar la imperiosa necesidad de un cambio cultural/organizativo en los actuales modelos residenciales en nuestro país. De estos estudios se deduce la urgencia de un apoyo real a los profesionales, lo que incluye tanto la suficiencia de recursos como una formación que integre reflexión y acompañamiento, para así posibilitar cambios en la visión y en las actitudes de quienes cuidan.

     Muchísimas gracias Sacra por participar en este blog, por tus trabajos y aportaciones en el campo de la gerontología en el que queda tanto por investigar y aplicar. Bienvenida a este espacio, en el que para mí, hoy, es un honor presentarte.





¿Maltrato psicológico en personas mayores institucionalizadas o simplemente mala praxis?

Dra. Sacramento Pinazo-Herrandis. Profesora Titular del Dto de Psicología Social de  la Universidad de Valencia.




El maltrato en personas mayores

     Cualquier acto u omisión que tenga como resultado un daño, intencionado o no, practicado sobre personas de 65 años o más, y que ocurre en el medio familiar, en el comunitario o en el institucional, que vulnere o ponga en peligro su integridad física o psíquica, así como el principio de autonomía o el resto de derechos fundamentales del individuo, es denominado maltrato. Así, con todas las letras. No importa que sea constatable objetivamente o que sea percibido subjetivamente. En ambos casos hablamos de maltrato. El maltrato es un problema de gran importancia que afecta a las personas mayores y que ocasiona graves consecuencias sociales y psicológicas, pero pese a ello, son escasos los estudios sobre la incidencia del maltrato en general en España y menos aún sobre el maltrato psicológico en contextos institucionales.

     Ya en 2002 la Declaración de Toronto definió al maltrato como un acto único o repetido, pero también la falta de una acción apropiada, que ocurre dentro de cualquier relación donde existe una expectativa de confianza, que causa daño o angustia a una persona mayor. Por su parte, el Centro Reina Sofía (Iborra, 2003) lo definió como: “Cualquier acción voluntariamente realizada, es decir no accidental, que dañe o pueda dañar a una persona mayor; o cualquier omisión que prive a un anciano de la atención necesaria para su bienestar, así como cualquier violación de sus derechos”.


     No existen muchos datos epidemiológicos sobre el maltrato a las personas mayores, y las diferentes investigaciones ofrecen cifras diversas. Algunos autores como Pillemer y Finkelhor (1998) dicen que la frecuencia de maltrato a personas mayores se encuentra en un rango entre 2% y 10%. Los datos del Centro Reina Sofía (2008) dicen que el 4,6% de los cuidadores reconocen haber maltratado a la persona mayor a su cargo. El riesgo es especialmente alto en los cuidadores con trastornos psicológicos, trastornos que a menudo surgen como consecuencia de la carga del cuidado. Para Ruiz et al. (2001) la prevalencia de sospecha de maltrato fue del 11,9%. Autoras como Bazo (2004) hablan de un 4,7% de prevalencia.

     Los cuidadores reconocen más abiertamente el maltrato que las propias personas mayores. La sensación de carga en el cuidador es un factor de riesgo que se relaciona con el maltrato a las personas mayores. Otros factores de riesgo son: la falta de apoyo social, la dependencia de la persona mayor, la discapacidad, la demencia o el deterioro cognitivo y los problemas de conducta de la persona mayor (Centro Reina Sofía, 2008).



El maltrato psicológico en personas mayores

     El Centro Reina Sofía coincidiendo con la definición de INPEA y Action on Elder Abuse, establece cinco categorías de maltrato hacia personas mayores: maltrato físico, maltrato emocional/psicológico, negligencia, abuso económico/financiero y abuso sexual. Si nos centramos en su gravedad podemos hablar de distintos tipos de maltrato y diferenciarlos como: maltrato físico con acciones como pegar, violar, o agredir; trato inadecuado desde insultar hasta hablar mal; negligencia, no dar el trato que la persona merece en tanto que persona que es y sobreprotección, hacer cosas por el otro en lugar de promover su conducta autónoma; ausencia de trato, ninguneo u ostracismo, desde ignorar hasta tratar a la persona como si no hubiese nadie presente, no hablarle. Lo que queda claro en las diferentes investigaciones es que el maltrato psicológico/emocional o el ninguneo causan tanto o más daño que el maltrato físico. 

     En este artículo nos vamos a detener en el maltrato emocional o psicológico, entendido como toda acción o actitud que provoca o puede provocar daño psicológico a la persona mayor y altera su estado emocional. Habitualmente es un tipo de daño de carácter verbal e incluso no verbal que abarca acciones diversas como: rechazar, insultar, aterrorizar, aislar, gritar, culpabilizar, humillar, intimidar, amenazar, ignorar, privar de sentimientos de amor, afecto o seguridad.

     El maltrato psicológico o emocional tiene importantes repercusiones en las personas como son: depresión, ansiedad, indefensión, trastornos del sueño, pérdida de apetito, miedo, confusión, y tristeza. Es difícil medir o evaluar el maltrato psicológico o emocional por su carácter sutil y a menudo invisible a los ojos del espectador.



Algunos datos sobre el maltrato psicológico en personas mayores institucionalizadas

     Para ilustrar esto con datos, a continuación presentamos resultados de dos estudios con diferentes metodologías pero un objetivo común: detectar conductas inadecuadas en el trato de los profesionales a las personas mayores institucionalizadas.

Estudio I

     En un primer estudio quisimos conocer la prevalencia de actitudes y/o conductas inadecuadas de los profesionales de centros residenciales hacia las personas mayores institucionalizadas. El estudio es transversal y descriptivo. El instrumento utilizado fue el Cuestionario de detección de maltrato psicológico, desarrollado por Pinazo (2011), que consta de cuarenta y seis ítems que pregunta sobre la ocurrencia de diferentes conductas y que se distribuyen en siete dimensiones. Las siete dimensiones son: comunicación, comida, habitación, baño, autodeterminación, familia y toma de decisiones. Los ítems se valoran con una escala Likert, de cinco grados, que van desde “Nunca” hasta “Siempre”.

     La muestra estaba compuesta por  223 personas (personal auxiliar, 45%; personal técnico, 9%;  y servicios generales, 21%), mujeres (71.3% y 9.4% hombres y participaron en ella 10 centros residenciales de la Comunidad Valenciana, con plazas públicas (35%), concertadas (53%) y privadas (12%).


     Algunos resultados interesantes representativos de las dimensiones fueron las siguientes conductas por parte de los profesionales, que se repetían con la frecuencia que se describe entre paréntesis: 

- El profesional entra sin llamar. Según los profesionales esta conducta se producía Siempre, Casi siempre o normalmente (en un 17.5% de los casos), o A veces (45.3% de los casos). 

- El profesional no respeta la intimidad del residente: conducta que los profesionales decían realizar Siempre, Casi siempre o Normalmente (41.2% de los casos). 

- No se respetan los gustos por las prendas que quiere vestir: conducta que los profesionales realizan Siempre, Casi siempre  o Normalmente (26.9% de los casos). 

- No se tiene en cuenta el pudor: comportamiento realizado por los profesionales Siempre, Casi siempre o Normalmente (43.2% de los casos). 

- No se promueve la autonomía: conducta que los profesionales realizan Siempre o Casi siempre o Normalmente (43.2% de los casos). 

- No se explica a dónde va: conducta que se realiza Siempre, Casi siempre o Normalmente (43.5% de los casos). 

- No se le pregunta qué le apetece hacer: comportamiento que los profesionales tienen Siempre, Casi siempre o Normalmente  (73.5%). 

- No se le pregunta con quién quiere estar: conducta que se realiza por parte de los profesionales Siempre, Casi siempre o Normalmente  (52.5%).
    
     Si observamos los casos en los que una conducta determinada se produce de modo habitual o con frecuencia, podemos observar cifras que llegan hasta el 73.5% en algunos de los ítems mencionados, por ejemplo el que dice: No se le pregunta qué le apetece hacer. Es decir, se vulnera de un modo habitual el principio de autonomía y se le desempodera hasta el punto de no poder decidir por si mismo qué querría hacer en cada momento. Si la persona no puede decidir qué hacer o con quién estar es porque es el profesional quien lo decide, pero si a este dato le unimos que los profesionales no promueven la autonomía, estamos ante situaciones que se producen en las residencias y que, a mi entender, son muy graves.

     A partir de las diferentes dimensiones sacamos un ÍNDICE TOTAL DE TRATO INADECUADO que mostró presencia de trato inadecuado (12.1%), indicios (31.4%). Si sumamos ambas puntuaciones nos da la sobrecogedora cifra de 43.5%. Esto quiere decir que en una de cada dos situaciones cotidianas de la vida en las residencias no se está dando el trato digno que las personas mayores merecen.

Estudio II

     En un segundo estudio quisimos profundizar en las situaciones de negligencia y trato inadecuado a personas mayores que se dan en el entorno residencial, analizando las buenas y malas prácticas.

     Se realizó un análisis observacional de la relación entre profesionales de atención directa (auxiliares de geriatría) y los residentes de cinco centros residenciales para personas mayores con la técnica Dementia Care Mapping (DCM), una herramienta de observación dirigida a las personas con deterioro cognitivo, y desarrollada como “un intento serio de adoptar el punto de vista de la persona con demencia, utilizando una combinación de empatía y habilidades de observación” (Kitwood, 1997). Las personas sobre las que se realizó la observación eran personas  con demencia. La observación se realizó única y exclusivamente en las zonas comunes de la residencia y siempre fue realizada por un mapeador (persona certificada por DCM).




     Como resultado más destacable observamos las siguientes conductas de trato inadecuado al residente por parte de los profesionales:

- Cosificar o tratar a las personas como si fueran un objeto (41%). 

- Infantilizar o tratar a la persona mayor de un modo paternalista, como si fuera un niño pequeño (20%). 

- Ignorar o comportarse (en conversación o acción) en presencia de las personas como si no estuvieran (16%). 

- Intimidar o hacer que un participantes se sienta asustado o temeroso utilizando amenazas verbales o incluso la fuerza física (10%).

- Ritmo inadecuado o proporcionar información a un ritmo demasiado rápido que impide que la persona entienda (6%) .

- Desempoderar o no permitir a la persona mayor utilizar las capacidades que sí tiene (5%).

     Estos dos estudios pretenden poner de manifiesto la necesidad de fomentar actuaciones dirigidas a reducir el trato inadecuado en las residencias.  Posiblemente estas conductas no fueron en ningún caso motivadas por mala fe por parte de los profesionales sino que a menudo son actitudes que se naturalizan y dan como resultado una baja percepción de las necesidades de los residentes. Por ello, es importante resaltar que es necesaria una formación continuada dirigida al personal de atención directa para sensibilizar de las buenas prácticas y, en este sentido, la formación que incluya cambio de actitudes es la única vía posible. 

     Una atención continuada, una mayor estimulación en las actividades diarias y durante todo el día, y sobre todo, una mayor calidez e implicación en las interacciones. Dispensar buen trato y hacerles sentir cómodos y seguros es tan importante o más que atender a las necesidades básicas (higiene, alimentación, vestido…). El cuidado y la atención que proporcionan los profesionales es esencial para mantener el bienestar de las personas mayores. Una atención cálida reconforta. Una vida sin apego, mata.




Referencias

Bazo, M.T. (2004). Perfil de la persona mayor víctima de violencia. En J. Sanmartin (coor), El laberinto de la violencia. Barcelona: Ariel.
Centro Reina Sofía (2008). Informe Maltrato de personas mayores en la familia en España. Valencia: Centro Reina Sofia.
Iborra, I. (2009). Factores de riesgo del maltrato de personas mayores en la familia en población española. Zerbitzuan, 45, 49.57.
INPEA (2002). Declaración de Toronto para la prevención global del maltrato a las personas mayores. Recuperado en octubre de 2016 de: http://www.inpea.net/images/TorontoDeclaracion_Espanol.pdf
Kitwood, T. (1997). Dementia reconsidered. The person comes first. Buckingham, UK: Open University Press.
Lachs, M. S. y Pillemer, K. (1995). Abuse and neglect of elderly persons. New England Journal of Medicine, 332, 437-443.
Pillemer, K. y Finkelhor, D. (1988). The prevalence of elder abuse: A random sample survey. The Gerontologist, 28 (1), 51-57.
Pinazo-Hernandis, S. (2013). Infantilización en los cuidados a las personas mayores en contexto residencial. Sociedad y Utopía. Revista de Ciencias Sociales, 41, 252-282.
Ruiz, A., Altet, J., Porta, N., Duaso, P., Coma, M.,  y Requesens, N. (2001). Violencia doméstica: prevalencia de sospecha de maltrato a ancianos. Atención Primaria, 27 (5), 331-334.