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11 de septiembre de 2016

Auxiliares y gerocultores/as, profesionales clave en la Atención Centrada en la Persona. Por Teresa Martínez


   En los cuidados de larga duración, desde los modelos de Atención Centrada en la persona, se apuesta por unos servicios flexibles y menos jerarquizados donde los/as auxiliares o gerocultores/as adquieren un mayor protagonismo en el cuidado de las personas mayores. Son quienes, junto con las personas usuarias, deciden muchas cuestiones en el día a día sin que ello signifique restar papel ni importancia a otros profesionales.

   En el caso de las residencias, cuando se aplica la ACP, la organización del trabajo por tareas y horarios fijos se abandona por un modo de vida hogareño, más flexible y personalizado, para así poder adaptarse y respetar los hábitos y preferencias de las personas. Para hacer realidad esta forma de entender la atención, el auxiliar y gerocultor/a es fundamental, dada su cercanía y presencia continuada.


Profesionales  suficientes, formados y comprometidos

   Los/as auxiliares o gerocultores/as son imprescindibles para llevar a la realidad las propuestas de la ACP. Sin ellos y ellas no es posible. En estos modelos, frente a los asistenciales tradicionales, estos profesionales tienen mayor autonomía y responsabilidad en la atención personalizada. No son simples ejecutores de pautas prescritas por otros profesionales. No actúan como meros “dispensadores de atenciones corporales”, sino que se convierten en acompañantes que protegen, cuidan, apoyan y  empoderan a las personas para que, en la medida de sus capacidades, puedan seguir dirigiendo su vida y que ésta se desarrolle en condiciones que respeten su dignidad.  Un cambio de rol de gran calado que requiere confianza y reconocimiento  por parte de la organización y compañeros, formación, tiempo para poder cuidar adecuadamente y apoyos.

   En una entrada de este blog titulada La Atención Centrada en la Persona…y los profesionales ¿qué? señalaba la importancia de los profesionales  en la aplicación de la ACP destacando algunos aspectos en relación a la calidad asistencial como la adhesión a la filosofía valores de la ACP, la formación, el trabajo en equipo y la suficiencia de recursos humanos (Bowers et al., 2007; Bowman & Schoeneman, 2006; Innes et al., 2006; Cobban, 2004).



      Creo necesario insistir en la idea de que la suficiencia y la cualificación de los/as profesionales son requisitos necesarios para garantizar una buena atención, pero no es la única condición para lograrlo. Si el incremento y la cualificación de los recursos humanos no se conducen  desde un modelo de atención y un sistema organizativo que ponga en valor a las personas, que humanice la atención, que favorezca un buen clima laboral, quedan en meros logros laborales con escasa capacidad para mejorar la calidad de los cuidados. 

   Pero en relación a los y las auxiliares/gerocultores, además de la indiscutible necesidad de contar con una ratio suficiente y una formación adecuada para desempeñar este nuevo rol de acompañante que permite la escucha y dar respuesta a las distintas necesidades de las personas, hay dos aspectos de especial relevancia que suelen ser destacados como condiciones necesarias para aplicar modelos ACP que no siempre son bien recibidos cuando se plantean como cambios en las organizaciones: la polivalencia y la asignación permanente. Creo que es importante compartir algunos datos y consideraciones al respecto.


La necesaria polivalencia del  auxiliar y gerocultor/a

   La polivalencia de los auxiliares y gerocultores/as viene siendo señalada como una característica especialmente relevante en la aplicación de modelos ACP. Tiene su principal argumento  en  la necesaria globalidad y continuidad en el cuidado  por parte de quien dispensa atención en la primera línea.

   Para avanzar hacia la ACP es imprescindible fortalecer y apostar por una categoría profesional de atención directa continuada, suficiente y bien formada que sea polivalente y  desarrolle cometidos de atención integral y personalizada para que las personas mayores tengan apoyos en la realización de su actividad cotidiana y no solo en cometidos relacionados con cuidados básicos (aseo, higiene, vestido,  alimentación…). En nuestro sector muchos de estos profesionales desempeñan estas tareas asistenciales sin poder implicarse a penas en otros aspectos del cuidado y vida. En algunos casos es por falta de recursos y tiempo, en otros por entender que esto no es parte de sus competencias o tener un sistema excesivamente jerarquizado de atenciones profesionales. 


   A modo de ejemplo de cómo innovar en este campo, cabe mencionar la figura profesional, el Shahabaz (en plural shahbazim), palabra de origen persa que significa halcón real,  desarrollada por  el pionero modelo norteamericano Green House, precisamente para romper con los roles rígidos de la atención tradicional residencial donde los gerocultores/as desempeñan funciones muy limitadas y habitualmente prescritas por otros profesionales.
   
   En cada casa los shahbazim proporcionan una atención integral desde la polivalencia y la flexibilidad. Realizan cuidados personales pero también otras actividades relacionadas con la preparación de comidas, lavandería, y especialmente la escucha y el apoyo individualizado a las personas, contando con una esmerada formación en los principios del modelo. Esta sugerente denominación, halcón del rey, quiere subrayar la actitud de estos profesionales como acompañantes atentos, leales, cercanos y al servicio de las personas a quienes apoyan. Los shabazim no cuidan solos, cuentan en cada unidad de convivencia con un profesional (the guide) que coordina,  con profesionales terapéuticos que atienden a varias unidades y con un voluntario externo (suele ser un mayor de la comunidad) que les ofrece su visión y apoyo.

   Proponer a los auxiliares y gerocultores este nuevo rol y competencias es un cambio que debe hacerse bien y de un modo congruente a la filosofía de este enfoque, desde el dialogo y el consenso. Porque este cambio no está exento de riesgos, como aprovechar este modelo para exclusivamente “ahorrar” recursos o caer en la confusión de que “todos podemos hacer de todo” y renunciar a otros técnicos para ofrecer una atención integral. En mi opinión, los gerocultores en la ACP deben contar con el apoyo de otros profesionales para  desde un trabajo en equipo interdisciplinar cooperar en el cuidado de cada persona sin dejar de implicarse en el seguimiento y apoyo continuado de las personas a su cargo.


La asignación estable, un aspecto clave en el cuidado personalizado

   Otro asunto que afecta de lleno a este grupo profesional, tampoco exento de controversia, es el tipo de asignación (permanente o estable versus rotación)  con las personas mayores que están a su cuidado.

   Una creencia muy extendida es la que sostiene que “estar siempre con las mismas personas no es bueno para los profesionales por aumentar su estrés, y que por tanto, perjudica también a las personas usuarias”. 
   Así se justifica la rotación (que en muchas ocasiones tiene otros motivos) y se viene considerando necesario “cambiar cada cierto tiempo”, llegándose en algunos centros residenciales a atender cada día a personas distintas. Veamos algunos datos y consideraciones al respecto.

   En primer lugar, distintos estudios realizados, tanto en el ámbito hospitalario como en residencias de personas mayores, apuntan a que existe una asociación entre estabilidad de los profesionales y calidad asistencial. En esta línea se ha argumentado que la asignación permanente de los profesionales en el cuidado, además de ser una condición básica para permitir el conocimiento de las personas usuarias, facilita la continuidad de la atención y contribuye a alimentar la implicación y la responsabilidad en el trabajo (Bowers, 2003; Bowers, Esmond, & Jacobson, 2000; Caudil & Patrick, (1991-1992); Eaton, 2000, 2001; Farrell, Frank, Brady, McLaughlin, & Gray, 2006; Farrell & Dawson, 2007; Patchner, 1989; Stadnyk, Lauckner, & Clarke, 2011; Wunderluch & Kohler, 2001).

   En segundo lugar, la asignación estable es una opción muy habitual en los centros que han optado por avanzar en modelos ACP. Estos servicios han eliminado los sistemas de rotación considerándolo un elemento organizativo estratégico.  Los equipos que trabajan ya desde estos modelos opinan al respecto que esto les permite conocer a las personas, generar vínculos emocionales, una mayor implicación individual de los profesionales, mejorar el trabajo en equipo así como una mayor satisfacción laboral y menor estrés  (Bowers, 2003; Prieto, 2014).


En tercer lugar, hemos de ser conscientes que estos beneficios atribuidos a la asignación estable se producen en el contexto de un cambio en el modelo de atención hacia la ACP. Es decir, que este tipo de asignación, como opción aislada,  puede quedar corta o incluso en algunos casos no ser tan beneficiosa si no va dentro de un conjunto de cambios actitudinales y organizativos acordes a estos modelos.

   Reducir y si es posible, eliminar, los sistemas de rotación de los/as auxiliares y  gerocultores/as, en un proceso de avance hacia la ACP, sobre todo en los centros residenciales es un cambio organizativo necesario. Esto, lógicamente, no debe impedir que desde el dialogo, ante ciertas circunstancias, se puedan valorar y proponer ciertos cambios, pero sin que esto sea el sistema habitual.

   Precisamos saber más sobre todas estas cuestiones en los servicios españoles. Tenemos todavía muy poco conocimiento. 
   
   En un novedoso estudio realizado desde la Universidad de Oviedo en una amplia muestra de residencias españolas recogimos la opinión de los y las directores/as sobre distintos aspectos ligados a la aplicación de modelos de atención centrada en la persona, se identificaron algunas necesidades en relación a los gerocultores (Martínez, 2015). 
   
   En una tercera parte de los centros se afirmaba la necesidad de incrementar su ratio asistencial al no considerarla suficiente para poder ofrecer una atención centrada en las persona. Se consideraba también necesario incrementar y orientar la formación hacia modelos ACP para garantizar un buen cuidado. También se concluía la necesidad de avanzar hacia una mayor polivalencia de este grupo profesional. Por otra parte, solo en la mitad de las residencias que participaron en este estudio mantenían un sistema organizativo de permanencia estable de los gerocultores/as con las personas usuarias, con la dificultad que ello conlleva para conocer a las personas y poder ofrecer una atención realmente personalizada, especialmente en los centros grandes. Datos que indican lo mucho que todavía queda por hacer.



Diálogo y consenso desde una visión global


   Muchos actores son imprescindibles en este imparable cambio:

   - Las instituciones públicas  y entidades privadas, asumiendo el esfuerzo organizacional que esto implica desde un liderazgo y compromiso en el cambio hacia un modelo de atención centrado en las personas y asegurando una dotación suficiente de profesionales formados en el modelo. 

   - Los sindicatos de trabajadores  y organicaciones de profesionales, defendiendo las mejoras laborales desde un marco referencial de la atención que apueste por la calidad/dignidad asistencial desde el reconocimiento de los derechos de las personas usuarias, no solo de los derechos laborales, evitando aquedar en demandas aisladas referidas exclusivamente al el incremento de plantilla o alimentadas por reclamaciones corporativas. 

   - Las familias, personas usuarias y organizaciones de mayores defendiendo la calidad de los servicios desde una mirada que ponga en el centro el ejercicio de derechos y los cuidados dignos y no solo las instalaciones y condiciones materiales. 

   - Los profesionales, individualmente y en equipo, mostrándonos abiertos a la revisión de lo que venimos haciendo, venciendo nuestros miedos, atreviéndonos a abandonar nuestra “zona de confort”, demandando las necesarias mejoras pero también aceptando cambios organizativos  que sean justificados y hagan posible servicios de calidad eficientes. 

   Se precisa diálogo y consenso, buscando opciones posibles y prudentes, basadas en el conocimiento documentado, pero sobre todo sin perder de vista que la referencia debe ser siempre la búsqueda del bienestar y el respeto a los derechos de las personas.



   Cada vez contamos con más evidencias que muestran que vivir, que cuidar, que ser cuidado, que trabajar, que relacionarse... desde la ACP genera beneficios no solo para las personas mayores (calidad de vida) sino también para los profesionales (mayor satisfacción, menor estrés y burnout) y para las organizaciones (menos conflictos, menor absentismo, mayor índice de ocupación...).

   Un esfuerzo, que escuchando a los centros, responsables, equipos, personas usuarias y familias que ya han optado por el cambio, merece mucho la pena.